domingo, 14 de junio de 2009

Mentiras y más mentiras

Estamos cansados de tanta basura en los medios de comunicación. Hace unos días, en este blog se criticaba la situación actual de la televisión. Ahora toca llamar la atención a parte de la prensa escrita y de sus lectores en una reflexión muy breve.

El diario más vendido de España es un deportivo, el Marca. ¿Qué hace para triunfar? Informar sobre el Real Madrid, inventarse cosas sobre el Real Madrid y, en la otra mitad del periódico, hablar del resto del fútbol y un poco de otros deportes. En los últimos años se ha caracterizado por vivir de noticias con menos fundamento que un rumor. Además, también se está haciendo famoso por hacer portadas dobles (es decir, las que ocupan portada y contraportada) muy a menudo, y de forma arbitraria. Que el Barcelona gane la Champions League, la Liga y la Copa no lo merece, pero que el Real Madrid fiche a Cristiano Ronaldo, sí. En fin…

Pero parece que ya no sólo se dedica a inventarse cosas, sino que ahora también le está cogiendo el gusto a mentir y manipular. Eso es lo que hizo hace unos días. En la portada del miércoles 10 de junio, se podía leer “Si quieres a Cristiano son 98 millones”, aludiendo a las negociaciones entre el Manchester United y Florentino Pérez.



Un día después, el fichaje se hizo oficial por 96 millones y el Marca quiso hacerse autobombo y vender a sus lectores que ya lo había adelantado el día antes, por lo que reprodujo en sus páginas interiores la portada del día anterior… con alguna variación sorprendente.



“Donde antes ponía 98, ahora ponemos 96 y nos quedamos tan tranquilos. Total, no creo que la gente guarde el Marca del día anterior, seguramente lo usarán para no manchar el suelo o para cuando se acabe el papel higiénico en el cuarto de baño”. Eso debió pensar el trabajador del Marca autor del montaje. Desde estas humildes líneas de protoperiodistas, ¡enhorabuena y seguid así, compañeros! :S

(Agradecimientos a Rafa G.L. por su ojo periodístico)


miércoles, 10 de junio de 2009

La caja atontadora


"El día en que Belén Esteban se divorcie y yo no me entere, que sólo se enteren Belén Esteban y su marido, la televisión en España habrá cambiado"

Esta frase la dijo Andreu Buenafuente el pasado miércoles en su programa de La Sexta. Y lleva más razón que un santo. La televisión en abierto en España es, cuanto menos, deplorable. Sobretodo si nos fijamos en las privadas. La eterna pregunta es: ¿La televisión es así porque es la televisión que demanda el público o el público ve la televisión porque es lo que hay? No sabría responder con claridad. Pero lo único claro es que los límites de la ética y decencia humana parecen esfumarse cada vez más. Y me da igual el tipo de programa que sea.


En los informativos te meten una noticia sobre las pintorescas fiestas de un pueblo justo después de informarte de la muerte de más de doscientas personas en un accidente aéreo, te hablan del mito de los once dedos en los pies de Marilyn Monroe o te hacen promoción constante de un estreno que ha producido la cadena. En los deportes te bombardean con noticias de falsos fichajes y hacen rankings de belleza entre las esposas de los deportistas o te informan del impresionante tetamen de una tenista menor de edad rumana –la verdad es que la muchacha va bien cargada-. En programas como OT, que presuntamente se dedica a formar a nuevos cantantes, se dedican a repetir una y otra vez los vanos y ridículos intentos por aprender inglés de un pobre desdichado. En El Hormiguero se limitan a hacer experimentos absurdos y soltar parrafadas absurdas sobre personajes públicos en sus programas y ya sólo se salva la sección de “El Kiosko” en la que vemos cómo el panorama de magacines impresos en nuestro país no pinta mucho mejor que el televisivo.


Otro programa, que en los inicios desu andadura me pareció un rayo de luz entre las nubes, al igual que El Hormiguero de los domingos por la tarde, es El Intermedio. El Gran Wyoming creó un programa en la que el sarcasmo y las ironías sobre la actualidad te hacían esbozar más de una sonrisa en cada programa. Ahora se dedican a hacer absurdos montajes cutres con el Photoshop y el Adobe Premiere y tontas performances con sus colaboradoras. Y así podría seguir con muchos programas (Supervivientes, Mira quién Baila,…) salvando únicamente los concursos como Pasapalabra o ¿Quién quiere ser millonario?, algunas series (la mayoría de ellas americanas porque la españolas acaban degenerando debido a la absurda extensión de sus capítulos) y el cine. Pero… ¿qué cine? Salvo las películas cutres de los sábados y domingos por la tarde ya no hay apenas estrenos en tv.

Bueno, llegamos al meollo de la cuestión, que es lo más evidente y lo que en mi carrera –que, por si alguien tuviese la curiosidad de saberlo, es periodismo- todo el mundo dice que odia, el corazón. Está por todas partes y cada vez es más deleznable aunque haya desaparecido el Aquí Hay Tomate -desde su desaparición ha habido numerosos clones hasta llegar a la vuelta de Jorge Javier a la sobremesa con "Sálvame", igual de deleznable que los anteriores).


¿Qué le interesa al ciudadano de a pie los devaneos amorosos de alguien a quien ni siquiera conoce? Al parecer mucho. El morbo siempre nos ha atraído. Siempre hemos sido unos cotillas en mayor o menor medida y fariseo el que lo niegue. Lo que pasa es que siempre hemos sido cotillas respecto a lo que conocíamos. Antes si te decían que la hija de fulanita se ha quedado preñada con 16 años se te abrían los ojos como platos y, en seguida, se empezaba a cotillear sobre sus idas y venidas con hombres y lo sueltecita que era la puta niña –ahora la niña habría abortado y no se habrían enterado ni sus padres-. Pero si lo que te decían era que se había quedado preñada una de Calahorra a la que no conoces, ni tampoco conoces a su familia, la noticia te importaba un carajo –claro que dependiendo siempre del hecho ocurrido, porque las muertes escabrosas y esas cosas siempre llaman la atención. Aunque ahí ya entraríamos en el terreno de lo morboso, que daría para otra entrada tan larga o más que ésta-.


El problema de la prensa del corazón es que está tan presente que los personajes por muy inútiles que sean, llegan a ser tan bien conocidos por el público, que éste demanda cada vez más información sobre ellos. La televisión mete a esos personajes extravagantes en nuestro hogares –porque casi ninguno es normal. Antes por lo menos veías en los platós a la Preysler o a la Norma Duval. Ahora enciendes la tele y te encuentras al Dj chuleta y cocainómano que dejó a la Esteban tras seis meses de matrimonio Sigo dándole la razón a Buenafuente) o a… ¡Carmen de Mairena! Que ha sido operada por el veterinario ese que tenía una clínica de cirugía estética en un sótano con animales (¡Dios! ¿Y que me sepa esto mejor que las lecciones de Derecho? ¡Es demasiado triste! ¿Si yo no veo la tele por qué sé estas cosas?)- y hace que los veamos por todas partes sólo con encender la tv porque en un programa se adelanta que va a haber una entrevista con fulanito en tal programa de la cadena o se hace un resumen de las intervenciones de ese fulanito en aquel programa o, directamente, fulanito aparece en veinte programas de la cadena. ¿Qué podemos hacer contra eso?


Afortunadamente existen muchas buenas películas y series en Dvd y en Internet –probablemente la escasa calidad de la televisión nos empuje a muchos a buscar buenos productos en la red, aparte del hecho de que comprarlos sale por un huevo gordo, por el asco que nos inspira la SGAE y por el espíritu piratilla de más de uno que simplemente se baja para almacenar cosas en su disco duro y así sentirse un rebelde antisistema- que ver antes que esa bazofia o, simplemente, leer un buen libro o dar un paseo. El resto que siga dejando idiotizarse con la que debería llamarse caja atontadora en lugar de caja tonta.


La televisión ha venido degenerando en los últimos años y está ocurriendo lo que en muchos otros países como EEUU. Quien quiera televisión de calidad tendrá que pagarla, es decir, abonarse a la televisión por cable o digital. Quizá en un futuro la sociedad se divida entre los idiotas que se tragan todo lo que ven y las personas con criterio que eligen qué productos de calidad van a ver y muchos de aquellos que no se hayan dejado idiotizar con la televisión sean aquellos que dominen país ante la ignorancia del resto –probablemente se me haya ido la olla en este último párrafo. Pido disculpas al tan paciente lector al que ya agradezco haber leído hasta aquí en lugar de ver porno o vídeos de chinos en el youtube (por cierto, poned “lalala shower” en esa página y veréis, jajaja)-.



Esta entrada ha sido publicada originariamente en el blog En Cordobés.


jueves, 4 de junio de 2009

Betis 1 – Valladolid 1: Crónica del ‘segundazo’ ( II )

Con el pitido final, todos se preguntaban cómo iban a reaccionar los jugadores. Pero la intriga se esfumó pronto: no había pasado ni un minuto desde el final del partido y la plantilla bética ya estaba en el vestuario. En el largo camino al túnel, apenas dio tiempo para ver la incredulidad de Nelson, un internacional portugués que ha cumplido en el Betis; las lágrimas de Juanito, que no podrá dejar su equipo de toda la vida con la cabeza alta; la rabia de Edú, que salvó al Betis del descenso en varias ocasiones pero que, seguramente, quedará ahora casi en el olvido; o la impotencia de Oliveira, que llegó para ser el salvador en la segunda vuelta y se ha quedado en la peor circunstancia posible: ha estado a punto de conseguirlo.


En las gradas, todo era previsible. Lágrimas. Bengalas en el Gol Sur, la zona de los ultras. Rotura y lanzamiento de asientos en el Gol Norte. Los fotógrafos que estaban a pie de campo volvían sus cámaras hacia el público y buscaban el rostro más dramático para colocarlo en la portada del día siguiente. En el palco, una multitud se agolpaba pidiendo la dimisión… E incluso la muerte de Lopera, aunque el máximo accionista, como había anunciado, no estaba allí por sus problemas de salud. La otra cara de la moneda eran los futbolistas y aficionados del Valladolid. No debe haber nada más placentero para un aficionado al fútbol que pasar un día en una ciudad que merece la pena visitar, como Sevilla, y cerrarlo viviendo in situ el éxito de tu equipo. Por unos minutos, Heliópolis se tiñó de blanquivioleta.



Como ni en el césped ni en la zona de autoridades había alguien a quien recriminarle el fracaso, la afición local comprendió que la zona de protesta estaba en la calle, en la Puerta de Cristales por la que supuestamente tenían que salir jugadores y autoridades. Antes de que hasta allí llegara el público civilizado, un grupo de iluminados empezó a lanzar vallas contra las paredes del estadio, SU estadio. En una imagen esperpéntica, incluso algunos tiraban vallas hacia arriba para verlas doblarse contra el suelo a su lado. Los petardos empezaron a sonar por la calle Tajo y aledaños. En este contexto, la Policía tardó demasiado en aparecer, pero finalmente lo hizo. Agentes a caballo despejaron la zona, mientras que los antidisturbios se encargaron de dar los primeros palos a los béticos más indígenas. Los primeros disparos de las archiconocidas bolas de las manifestaciones hicieron presencia. Incluso hubo sangre un detenido en la primera entrega de la batalla campal de la tarde. En la cabina de comentaristas de Canal Plus, rodeada de los pocos aficionados que aún quedaban en el interior del Ruíz de Lopera, Robinson y Martínez alucinaban con las imágenes que les llegaban desde los aledaños del estadio y que narraron en directo para toda España.



Con los ánimos calmados llegó la primera manifestación pacífica del beticismo por el cambio. Cambio en la cabeza visible. Cambios en unas estructuras institucionales obsoletas. Cambios en una plantilla que necesita algo más que un parcheo. Bufandas y banderas en alto, los béticos se sentaron en la explanada de Preferencia. Además de los gritos contra Lopera, sonaron los típicos “¡Jugadores mercenarios!” o “¡Esto sí que es una dictadura!”. La reivindicación terminó cuando empezó a preparase la segunda carga policial de la tarde-noche. Empezó a saltar el rumor de que los jugadores iban a salir en poco tiempo por la zona del parking, ya que hacia allí se dirigió una unidad de policías antidisturbios. La masa social verdiblanca los siguió y se plantó junto a la salida de dichos aparcamientos, a la espera de desahogarse con los que consideraban “culpables deportivos” del descalabro. A partir de ese momento, los hechos se precipitaron.



A la Policía se le fue la mano. Los agentes se pusieron nerviosos y echaron a la gente del lugar gracias a la contundencia de sus porras y la amenaza de sus bolas macizas de goma. Todo el que pasaba por allí era sospechoso de poder hacer algo malo, por lo que los palos se repartían por igual y, en la mayoría de los casos, sin razón. Unos aficionados agredieron a un periodista, que les correspondió con una patada. Padres e hijos, paseantes y vecinos de las calles colindantes corrían despavoridos sin saber de qué iba la historia. A la tómbola de los disparos de la Policía –le podían tocar a cualquiera–, se unían los lanzamientos de botellas de cervezas o piedras por parte de varios descerebrados cuya condición social debería descender, no a Segunda División, sino a la última categoría si las hubiese.


Todo se enrareció y la gente sensata abandonó el lugar, toda reivindicación pacífica había perdido su sentido. Todavía hubo tiempo para que, ya en la Avenida de la Palmera, un grupo de incomprendidos lanzara una botella contra el autobús del Valladolid. No acertó, ya que el recipiente fue a caer justo al lado de un hombre que llevaba de la mano a una niña y al que a buen seguro se le cortó la respiración. Afortunadamente, los jugadores béticos abandonaron el lugar casi en el anonimato. Y ahí se mantienen la mayoría de ellos días después de un ‘segundazo’ que se veía venir.

martes, 2 de junio de 2009

Betis 1 – Valladolid 1: Crónica del ‘segundazo’ ( I )

Las colas para entrar en el Ruíz de Lopera eran más largas de lo habitual. Había ambiente de derbi: 50.000 personas cantaban el himno del Betis cuando los equipos saltaban al campo. En la zona visitante, cerca de 1.000 aficionados vallisoletanos intentaban llamar la atención, pero pasaban desapercibidos entre el verde que inundaba el resto del estadio. En uno de los cánticos, la afición se lo recordó por enésima vez al equipo: “no me falles Real Betis, yo nunca te he fallado”. Pero volvieron a hacerlo.

Como en el anterior partido en casa ante el Almería, los verdiblancos salieron a por todas, gastando muchos cartuchos en los primeros minutos. El rival de aquella ocasión estaba adiestrado, ya había hecho sus deberes de la temporada, por lo que fue fácil de superar. Pero el Valladolid no había venido a Sevilla para dejar hacer. El empate le valía y tenía muy claro que, aunque su ataque fuera prácticamente nulo, el Betis iba a sudar sangre para ponerse por delante. Así fue. Las carreras de Mark González y sus centros no encontraron a ningún compañero que pudiera seguirle. Oliveira y Sergio García llegaron algo forzados a sendos uno contra uno en los que Asenjo demostró sus reflejos. Los de Nogués empujaban con mucho corazón, pero con la impresión de que dependían de un fallo del rival para taladrar con claridad su defensa. Entonces pasó lo peor que podía pasar en La Palmera. Porque en otros estadios de España, después pasaron cosas peores para el Betis.

Al final de la primera parte, Víctor, un extremeño que sigue incordiando a quienes lo defienden a sus 35 años, dejó en evidencia a Rivas y Juanito con un amago de disparo y le cedió el balón al jugador que había sustituido a Pedro León, Aguirre, que batió a Ricardo por raso, por su palo derecho. La grada enmudeció unos segundos antes de empezar a cantar de nuevo, aunque ya nada sonaba igual que al principio. Se fueron al descanso sin más cambios.
Si el gol del Valladolid fue de los denominados “psicológicos”, el empate del Betis no lo fue menos. Antes de que los pucelanos se cerraran a cal y canto, según era de esperar en la segunda parte por la ventaja inicial en el marcador, Oliveira culminó en la red la última jugada de desborde de Edú, que, bien sea por su lucha, su edad o por sus lesiones, estaba fundido al inicio de la segunda parte. En ese momento se consumió el último hilo de esperanza de la tarde. Minutos después, todos los resultados se pusieron en contra y todos los béticos entendieron que, o se ganaba el partido, o se descendía. Y así fue.

Los cambios mosquearon a la grada. El esperado Emaná sustituyó a uno de los más activos, Sergio García. El camerunés no pudo reconciliarse con su público en el que puede ser su último partido de verde y blanco. Poco después, Capi, el organizador del día, dejó el campo por Pavone, que ha pasado desapercibido toda la temporada. Por último, cinco minutos antes del final, Mark González, un velocista agotado, cedió su lugar a Juanma, que protagonizó dos jugadas que demostraron que el Betis necesitaba su frescura mucho antes.

Oliveira disparó al palo. Un remate de cabeza de Juanito lo sacó el veterano jugador visitante Marcos justo encima de la línea de gol. Y, para colmo, un gran cabezazo de Oliveira lo atrapó Asenjo en uno de sus acertados vuelos. El brasileño no se lo creía, y se lo hizo saber al portero. En ese momento no sonó el pitido final, pero los jugadores se dieron cuenta de que el descenso bético se había consumado. La suerte había que buscarla pero ya nadie tenía fuerzas ni cabeza para hacerlo. Ni la afición para empujar. El descenso fue ineludible.